ADN: modelar es capacitar
Resumen: Después de ver a mi mamá hacer esto muchas veces, lo aprendí observándola sin siquiera darme cuenta.
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Resumen: Después de ver a mi mamá hacer esto muchas veces, aprendí observándola y ni siquiera me di cuenta.
¿No es increíble cómo las cosas se transmiten y se repiten? Podemos mostrarle a un nuevo creyente cómo orar y, sin que nadie se lo enseñe formalmente, empezará a orar como vio que lo hacíamos. Lo que vemos y vivimos se reproduce de forma natural.
De niña, solía sentarme en la encimera de la cocina y mirar a mi mamá preparar un pastel de manzana casero. Seguía sus dedos con la mirada mientras pellizcaba y retorcía los bordes de la masa para sellarla y decorarla. Años después, mi amiga y yo decidimos hacer unos pasteles de manzana. En su cocina, cuando llegó el momento de poner la masa de arriba sobre las manzanas dulces y azucaradas, empecé a pellizcar y retorcer el borde. Mi amiga dijo: «¡Qué bonito! ¡Enséñame cómo lo hiciste!». Tuve que admitir que yo también estaba sorprendida. Después de ver a mi mamá hacerlo tantas veces, lo había aprendido observándola y ni siquiera me había dado cuenta.
La semana pasada, una creyente a quien guié a Jesús me preguntó: «Después de compartir una historia bíblica con alguien, ¿cómo le pregunto si quiere empezar un grupo pequeño conmigo?». Hablamos de diferentes situaciones y maneras de invitar a alguien a estudiar la Biblia. Entonces sonrió y dijo: «Es curioso que te haga esta pregunta. En realidad, solo tengo que recordar lo que hiciste conmigo. Y puedo hacer lo mismo.
La manera de orar, de estudiar la Biblia, de compartir historias bíblicas con otros y de invitar a otros a seguir a Jesús: cuando estas experiencias son nuevas para los nuevos creyentes, las pondrán en práctica tal como se las mostramos.
¿Qué pasaría si recordáramos que podemos enseñar a los nuevos creyentes con nuestro ejemplo?
¿Listo para ponerlo en práctica?
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