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Herramientas para grupos pequeños: fomentar la rendición de cuentas

Resumen: Repetir una lección que no se puso en práctica comunica que los seguidores de Jesús no solo aprenden acerca de él, sino que también responden de maneras concretas y amorosas.

2 min de lectura

¡Eres lo máximo!

Resumen: Repetir una lección que no se puso en práctica comunica que quienes siguen a Jesús no solo aprenden acerca de él, sino que responden a él con acciones prácticas y llenas de amor.

En la serie de publicaciones «Caja de herramientas», responderemos algunas de las preguntas más comunes sobre cómo dirigir grupos pequeños. Si tienes alguna pregunta que te gustaría que respondiéramos, ¡envíanos un mensaje!

  1. ¿Cómo fomento la responsabilidad mutua en mi grupo pequeño?

Mostramos lo que valoramos por medio de lo que celebramos. Al comenzar las reuniones, puedes preguntar: «¿Con quién compartiste esta semana?» Luego, celebren incluso las pequeñas victorias. Al terminar la reunión, tómate un momento para preguntar: «¿Con quién compartirás esta lección esta semana?» Es muy importante no saltarse este paso. Ayúdales a imaginar cómo compartirán con otras personas lo que acaban de aprender. Cuanto más puedan pensarlo, más preparados estarán. Algunos grupos pequeños incluso practican cómo hablarles a otros de Jesús. Entre risas y bromas, muestras lo importante que es para ti dedicar tiempo a que todos se hagan responsables. Recuerda celebrar con mucho entusiasmo cuando la semana siguiente alguien comparta aunque sea un testimonio sencillo.

2. ¿Qué hago si las personas de mi grupo pequeño no ponen en práctica lo que aprendieron la semana pasada?

Si durante la semana las personas de tu grupo pequeño no ponen en práctica lo que aprendieron, el mejor paso a seguir es repetir la lección. ¿Por qué es importante? Repetir una lección que no se puso en práctica comunica que quienes siguen a Jesús no solo aprenden acerca de él, sino que responden a él con acciones prácticas y llenas de amor.

Aunque parezca algo poco común, repetir una lección es un acto de amor. Puedes decir: «Oigan, me di cuenta de que la mayoría no puso en práctica la lección de la semana pasada. En vez de pasar a una lección nueva, demos al Espíritu Santo otra oportunidad de ayudarnos esta semana. Volvamos a leer esos pasajes. Me entusiasma ver qué pasará esta semana cuando pongamos esto en práctica».

Así destacas la obra del Espíritu Santo en sus vidas. No se trata de complacerte a ti, quien dirige el grupo, sino de responder a la voz del Espíritu Santo cada vez que habla.

¿Listo para ponerlo en práctica?

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