Herramientas para grupos pequeños: ¿cuál es el mejor tamaño para un grupo pequeño?
Resumen: Los grupos de entre 3 y 8 personas tienen el tamaño ideal para que haya una buena rendición de cuentas, todos participen, crezcan espiritualmente y se multipliquen.
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Resumen: Los grupos de 3 a 8 personas tienen el tamaño ideal para fomentar una buena responsabilidad mutua, la participación de todos, el crecimiento espiritual y la multiplicación.
En la serie de publicaciones «Caja de herramientas» responderemos algunas de las preguntas más comunes sobre cómo guiar grupos pequeños. Si tienes alguna pregunta que te gustaría que respondiéramos, ¡envíanos un mensaje!
¿Cuál es el tamaño ideal para un grupo pequeño?
El tamaño de un grupo pequeño es muy importante. Los grupos de 3 a 8 personas tienen el tamaño ideal para fomentar una buena responsabilidad mutua, la participación de todos, el crecimiento espiritual y la multiplicación. Un grupo demasiado pequeño o demasiado grande puede tener ciertas limitaciones.
Por ejemplo, quizá tengamos muchas ganas de reunirnos con una persona que quiere seguir a Jesús. La sacamos de su entorno para reunirnos en nuestra casa, en nuestro entorno. Aunque reunirse de a dos puede ser útil para que alguien se convierta en discípulo de Cristo, también es importante que quienes siguen a Jesús desde hace poco aprendan a abrirse en una comunidad de creyentes. Es bueno que una persona comparta con un grupo de creyentes y escuche a Jesús a través de ellos. Cuando cada persona escucha al Espíritu Santo hablarle por medio de las Escrituras, comparte lo que escuchó y los demás reciben bendición. Así que, si encontramos a alguien con hambre espiritual, podemos preguntarle si hay alguien entre sus amigos o familiares a quien también le interesaría estudiar la Biblia. Quizá no funcione, pero si al menos lo intentamos, una persona que quiere seguir a Jesús puede formar un pequeño grupo de personas que buscan a Dios.
Los grupos de más de ocho personas pueden hacer que no todos participen. Es muy fácil que algunas personas se queden calladas o pasen desapercibidas, y que solo participen las más extrovertidas. Pero la participación de todos en prácticas sencillas de la iglesia, como la oración, la generosidad y la responsabilidad mutua, crea un terreno fértil para el crecimiento espiritual. Los demás observan y viven junto a ellos su vida en Cristo. Cuando cada creyente se compromete a compartir con personas que aún no conocen a Jesús y crece en la práctica de compartir el evangelio, el grupo pequeño se está preparando para convertirse en una iglesia sencilla.
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